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Achicopalarse

Achicopalarse” o “achicopalado” son voces viejas pero nunca más necesarias que en los tiempos que van corriendo. El diccionario de la Real Academia Española –que no se hernia en definir cosas indianas– considera “achicopalarse” voz mexicana y centroamericana que significa simple y llanamente “achicarse”. Nada más. Como la palabra no es suya, no la sienten, con eso tienen bastante los académicos. Para don Joaquín García Icazbalceta la palabra era mucho más: “abatirse, desanimarse, entristecerse en exceso, se aplica también a los animales y aún las plantas” (Vocabulario de mejicanismos, 1899). Así, “yo me achicopalo” o el gato “está un poco achicopalado”. Antes, el cuñado de don Joaquín, Francisco Pimentel, había utilizado “achicopalarse” como mal sustituto de “abatirse” y como trasunto de esos neologismos inútiles del español mexicanizante que, según creía Pimentel, defendía Ignacio Manuel Altamirano. “De adoptar como modo de escribir las variaciones de idioma que hay en México respecto de España”, decía Pimentel, “lo que resultaría es una jerga de gitanos, un dialecto bárbaro, forma de toda clase de incorrecciones, de locuciones viciosas, cosa que no puede admitir el buen sentido, llamado en literatura buen gusto” (Obras completas de d. Francisco Pimentel, t. 5, 1904). Los mexicanos, pues, si civilizados, no podían achicopalarse, sino abatirse, entristecerse, acobardarse o deprimirse. Y sin embargo se achicopalan, y “recio”, porque la tristeza, como el hambre, no se elimina por decreto.

El gran filólogo mexicano de Autlán de la Grana, Antonio Alatorre, atesoraba el término y especulaba sobre su posible origen: “…Un niño achicopalado es el frustrado, el que se encoge y se encierra en sí mismo. Más que ‘abatido’, el achicopalado está ‘acobardado’ y ‘deprimido’. Es voz tan usada en México (“¿Qué te pasa? Te veo muy achicopalado”; “¡No se me achicopale, compadre!”), que yo la siento como nahuatlismo. Becerra cree que viene de chico + palo, quizá porque el achicopalado es el ‘niño (habitualmente) apaleado’; pero el proceso morfológico es raro, aparte de que en México no se usa el sustantivo chico” (“Sobre americanismos en general y mexicanismos en especial”, Nueva Revista de Filología Hispánica, 2001). Yo ignoro el verdadero origen del término, quizá sea nahualismo, quizá devenga de la tendencia del español mexicano a agregar “a” para enfatizar acción reflexiva, como en “apersonarse” o “afigurar” o “amuinarse” (por enfadarse, por llenarse de “muina”). Es claro, que el término implica hacerse pequeño, encogerse, pero no refiere al cuerpo sino al alma –sería raro decir “estoy achicopalado porque corrí un maratón”.

Yo agradezco la existencia de la palabra porque ayuda a sentir y digerir las penas cotidianas de la vida. Uno puede achicopalarse en lugar de entristecerse, apesadumbrarse, angustiarse que son cosas más seria y fuerte. Es más, no se es, se está achicopalado; es un estado, por definición, pasajero. Decir “estoy achicopalado” es afirmar dos cosas: a) “es inevitable”, las penas de la vida siempre pasan y vuelven; y b) deja que se me pase, estoy luchando. Así, achicopalarse es algo más contenido, más delimitado, menos abstracto, denso y total que ennui o surmenage… o the blues (“Ain’t got a dream that is working/ I ain’t got nothing but the blues”). “No te achicopales” implica, pues, un llamado a la valentía, porque achicopalarse, siento, nombra a la vez al remedio y a la enfermedad. Digo “estoy achicopalado” para decir estoy triste, abatido en este momento; pero también estoy achicopalado porque de ya estoy luchando por salir del achicopale. La voz se me “afigura” a otras que oía de niño en La Piedad: “no te agüites” o “ahí no más tristeando”, y no sé si achicopalarse me suena a esperanza porque sabe a infancia o porque en verdad nombre la humana lucha diaria.

También, achicopalarse implica mesura en el ensimismamiento; es decir, significa no entregarse a lo que mi compadre Melchor en La Piedad me decía cuando andábamos a punto de “tristear”: “no nos profundísemos compadre”. Achicopalarse, pues, es un “flojito y cooperando”, la vida es así, a aguantar y a no echarle ni tanta labia, ni tanta ciencia; vendrán mejores tiempos. Achicopalarse llama a “amacizarse”, a “echarle huevos”, a darle su tiempo a las cosas y a seguir adelante; surmenage, depresión o syndrome of x or y o this or that disorder decantan en pastillas, años de terapias y ensimismamientos y, si todo sale bien, se dice del paciente: “quedó un poco achicopalado, pero está bien”.

En suma, hallo consuelo en esta palabra; la tengo instalado de nacencia y puedo auto-engañarme: me asumo achicopalado antes que deprimido, aunque sospeche que lo que voy cargando es una larga y clínica depresión de caballo. Este autoengaño me resulta de igual potencia que esos otros autoengaños como “dios” o “amor”; engañarse así, claro, es estar destinado a achicopalarse; no engañarse así es malvivir.